¡Cómo han devorado las polillas mis penachos!

DICEÓPOLIS.

¡Cómo voy a devorar embutidos de liebre antes del banquete!

LÁMACO.

Amigo, ¿no puedes dejar de hablarme?

DICEÓPOLIS.

No te hablo; disputo hace tiempo con mi esclavo. — ¿Quieres apostar (Lámaco decidirá la cuestión) si son más sabrosos los tordos que las langostas?

LÁMACO.

Estás muy insolente.

DICEÓPOLIS.