UN CRIADO DE LÁMACO.

¡Esclavos de Lámaco, pronto, pronto, calentad agua en un pucherillo! Preparad trapos, ungüento, lana virgen y vendas, para atarle el tobillo. Al saltar una zanja se ha herido con una estaca, se ha dislocado un pie y se ha roto la cabeza contra una peña; la Gorgona saltó del escudo, y al ver el héroe su formidable penacho caído entre las piedras, entonó estos versos terribles:

Por la postrera vez, astro brillante,

Te ven mis ojos; desfallezco y muero.[236]

Dicho esto, cae en una zanja, levántase, se arroja sobre los fugitivos, persigue a los bandoleros, los hostiliza con su lanza. Pero helo aquí; abrid pronto la puerta.

LÁMACO.

¡Ay, ay, ay! ¡Qué agudos dolores! ¡Qué frío! ¡Yo muero, triste de mí, herido por una lanza enemiga! Pero aun será mas terrible mi desgracia si Diceópolis viéndome en este estado, se burla de mi infortunio.

DICEÓPOLIS (Con dos cortesanas del brazo).

¡Ay! ¡ay! ¡ay! ¡Vuestro turgente seno tiene la dureza del membrillo! Dadme un beso, tesoro mío, un beso dulce y voluptuoso. Pues yo he sido el que he bebido la primera copa.

LÁMACO.