DEMÓSTENES.

¿A qué lamentos inútiles? ¿No convendría más buscar otro medio de mejorar nuestra suerte, y dejarnos de llantos?

NICIAS.

¿Cuál podrá ser ese medio? Dímelo.

DEMÓSTENES.

Dímelo tú; no quiero disputar contigo.

NICIAS.

No, ¡por Apolo! No he de ser yo el primero; habla sin temor; después hablaré yo.

DEMÓSTENES.

«¡Ojalá me dijeses lo que debo decir!»[253]