DEMÓSTENES.

¡Pobre de mí! ¿De qué te crees indigno? Parece que aún abrigas algún buen sentimiento. ¿Acaso perteneces a una clase honrada?

EL CHORICERO.

No, por los dioses; pertenezco a la canalla.

DEMÓSTENES.

¡Oh mortal afortunado! ¡De qué felices dotes de gobierno te ha colmado la naturaleza!

EL CHORICERO.

Pero, buen amigo, si no he recibido la menor instrucción; si solo sé leer, y eso mal.

DEMÓSTENES.

Precisamente lo único que te perjudica es saber leer, aunque sea mal. Porque el gobierno popular no pertenece a los hombres instruidos y de intachable conducta, sino a los ignorantes y perdidos. No desprecies lo que los dioses te prometen en sus predicciones.