¿En qué confías para creerte digno de contradecirme?
EL CHORICERO.
En que sé hablar y hacer chorizos.
CLEÓN.
¡Hablar! Será bueno, si se te presenta algún asunto, ver cómo lo haces picadillo y lo embutes sin dificultad. ¿A que sé lo que te ha pasado? Lo mismo que a otros muchos. Sin duda has ganado un pleito contra algún infeliz extranjero domiciliado[293] a fuerza de soñar con tu defensa toda la noche, de hablar a solas en las calles, de beber agua, y ensayarte cien veces con gran molestia de tus amigos; y sin más te crees ya un elocuente orador. ¡Qué estupidez!
EL CHORICERO.
¿Y tú qué licor has bebido para hacer callar con tu charlatanería a toda la ciudad?
CLEÓN.
¿Y habrá quien se atreva a oponérseme? A mí, que después de comer una caliente tajada de atún, y de beber una copa de buen vino, soy capaz de hacer un corte de mangas a todos los generales de Pilos.
EL CHORICERO.