CORO.

¡Dale duro!

CLEÓN.

¡Ay, ay! Los conspiradores me matan a palos.

CORO.

Dale, dale duro; azótale el vientre con manojos de intestinos; castígale sin piedad.

¡Oh admirable corpulencia! ¡Oh esforzado corazón, salvador de la república y de los ciudadanos! ¡Con qué hábil oratoria has sabido vencerle! ¡Ojalá pudiéramos alabarte como deseamos!

CLEÓN.

No se me ocultaba, por Ceres, esta fábrica de intrigas: bien sabía yo que aquí se encolaban todas.[312]

CORO.