CLEÓN.

Pobre hombre, no pienses que me has de jugar otra pasada como la del Senado: acudamos al pueblo.

EL CHORICERO.

Nada nos lo impide: adelante, no haya tardanza.

CLEÓN.

¡Oh pueblo! ¡sal aquí!

EL CHORICERO.

¡Sí, por Júpiter; sal aquí, padre mío!

CLEÓN.

¡Pueblecillo mío querido, sal para que veas cuán indignamente me tratan!