EL CORO.
El hombre entra en ebullición[377]; basta, basta. Mira que hierve demasiado; quita un poco de fuego para disminuir sus espumarajos de rabia.
CLEÓN.
Ya me las pagarás todas juntas; voy a hundirte a contribuciones, y a hacer que te inscriban en el padrón de los ricos.
EL CHORICERO.
Yo no gastaré el tiempo en amenazas; solo esto te deseo: que cuando la sartén llena de calamares esté chirriando en el fuego, y tú disponiéndote a hablar por los Milesios para ganar un talento si consigues que su proposición sea aprobada, al tratar de engullirte a toda prisa la fritada, antes de acudir a la asamblea, se presente cualquiera importuno, y tú por no perder el talento, te ahogues al tragar el almuerzo.
CORO.
¡Muy bien, por Júpiter, Ceres y Apolo!
PUEBLO.
A mí también me parece fuera de duda que es un buen ciudadano, y de esos que en estos tiempos no se venden por un óbolo. Tú, Paflagonio, que tanto alardeas de quererme, me has irritado, y por tanto devuélveme mi anillo[378], pues desde este instante dejas de ser mi tesorero.