EL CHORICERO.
¡Ca! El primero seré yo.
(Vanse corriendo.)
CORO.
¡Oh Pueblo! tu poder es muy grande; todos los hombres te temen como a un tirano; pero eres inconstante y te agrada ser adulado y engañado[407]: en cuanto habla un orador te quedas con la boca abierta, y pierdes hasta el sentido común.
PUEBLO.
No habrá un átomo de sentido común bajo vuestros cabellos si creéis que obro sin juicio: me hago el loco porque me conviene. A mí me gusta estar bebiendo todo el día, alimentar a un dueño ladrón, y matarlo cuando está bien gordo.
CORO.
Discretamente obras, si según aseguras haces las cosas con esa intención; si los engordas en el Pnix como públicas víctimas, y luego, cuando hay falta de provisiones, eliges el más gordo, lo matas y te lo comes.