A la venta de chorizos y al libertinaje.
CLEÓN.
¡Oh desdicha! Soy perdido; una tenue esperanza me sustenta. Dime esto no más: ¿vendías los chorizos en el mercado o en las puertas?
EL CHORICERO.
En las puertas, donde se vende la pesca salada.
CLEÓN.
¡Infortunado! La predicción se ha cumplido[415]. Llevad adentro a este infeliz. Adiós, corona mía. Bien a mi pesar te abandono: otro te poseerá no más ladrón que yo, aunque más afortunado[416].
EL CHORICERO.
Tuya es la victoria, Júpiter, protector de la Grecia.