Examinaré antes si las palabras del dios pueden referirse a ti; dime en primer lugar, ¿a qué escuela acudiste de niño?

EL CHORICERO.

Me educaron a puñetazos en las cocinas.

CLEÓN.

¿Qué dices? ¡Ah, este oráculo me mata!... Prosigamos... ¿Qué aprendiste con el maestro de gimnasia?

EL CHORICERO.

A robar, a negar el robo y a mirar a los testigos cara a cara.

CLEÓN.

¡Oh Febo! ¡Oh Apolo, dios de Licia![414] ¿Qué vas a hacer de mí? Y de adulto, ¿a qué te has dedicado?

EL CHORICERO.