AGORÁCRITO.

Además, si dos oradores trataban, uno de equipar las naves y el otro de pagar a los jueces su salario, siempre se retiraba vencedor el que habló del sueldo, y derrotado el que propuso armar la escuadra. — ¿Pero qué haces? ¿Por qué bajas la vista? ¿No puedes estarte quieto?

PUEBLO.

Me avergüenzo de mis faltas pasadas.

AGORÁCRITO.

Pero no te aflijas; no es tuya la culpa, sino de los que te engañaron. Ahora contéstame: si algún abogado chocarrero te dice: «Jueces, no tendréis pan si no condenáis a este acusado», ¿qué le harás?

PUEBLO.

Lo levantaré en alto y lo arrojaré al Báratro[433], colgándole del cuello a Hipérbolo.

AGORÁCRITO.

¡Hola!, en esto ya andas acertado y discreto. Pero, y los otros asuntos de la república ¿cómo los arreglarás?