PUEBLO.

¿Yo?

AGORÁCRITO.

Y después de engañarte se marchaba.

PUEBLO.

¿Qué dices? ¿Eso hicieron conmigo, y yo nada conocí?

AGORÁCRITO.

No es extraño: tus orejas se extendían unas veces, y otras se plegaban como un quitasol.

PUEBLO.

¡Tan imbécil y chocho me puso la vejez!