ESTREPSIADES.

¡Infeliz! Tú si que das vuelco a mi fortuna; unos me tienen ya citado a los tribunales, otros me piden que les garantice el pago de los intereses[452].

FIDÍPIDES (despertando).

Pero, padre, ¿qué te angustia que no haces más que dar vueltas toda la noche?

ESTREPSIADES.

Me muerde cierto demarco[453] de las camas.

FIDÍPIDES.

Por favor, querido, déjame dormir un poco.

ESTREPSIADES.

Duerme en hora buena, pero sabe que todas estas deudas caerán sobre tu cabeza... ¡Oh! ¡Así perezca miserablemente aquella casamentera que me impulsó a contraer matrimonio con tu madre! Porque yo tenía una vida dulcísima, sencilla, grosera, descuidada y abundante en panales, ovejas y aceite. Después, aunque era hombre del campo, me casé con la nieta de Megacles hijo de Megacles, ciudadana soberbia, amiga de los placeres, con las mismas costumbres que Cesira[454]. Después del matrimonio, cuando nos acostábamos, yo no olía más que a mosto, higos y lana de mis ovejas; ella por el contrario, apestaba a pomadas y esencias, y solo deseaba besos amorosos, lujo, comilonas y los placeres de Venus[455]. No diré que fuese holgazana, sino que tejía; y muchas veces, enseñándola esta capa, le decía con tal pretexto: «Esposa mía, aprietas[456] demasiado los hilos.»