EL DISCÍPULO.
No me es permitido decirlo más que a los discípulos.
ESTREPSIADES.
Dímelo sin temor, porque vengo a la escuela como discípulo.
EL DISCÍPULO.
Lo diré: pero ten en cuenta que esto debe de ser un misterio. Preguntaba ha poco Querefonte a Sócrates cuántas veces saltaba lo largo de sus patas una pulga que había picado a Querefonte en una ceja y se había lanzado luego a la cabeza de Sócrates[474].
ESTREPSIADES.
Y ¿cómo ha podido?...
EL DISCÍPULO.
Muy ingeniosamente. Derritió un poco de cera, y cogiendo la pulga sumergió en ella sus patitas. Cuando se enfrió la cera, quedó la pulga con una especie de borceguíes pérsicos[475]. Se los descalzó Sócrates y midió con ellos la distancia recorrida por el salto.