No charles tanto. Apresúrate y sígueme hacia ese lado.

ESTREPSIADES.

Dame antes una torta de miel, porque, al entrar ahí, siento tanto miedo como si bajase a la cueva de Trofonio[500].

SÓCRATES.

Anda: ¿por qué te detienes en la puerta?

CORO.

Marcha regocijado, sin que disminuya tu valor por eso. Ojalá tenga feliz éxito la empresa de este hombre, que en edad provecta ilustra su inteligencia con ideas nuevas y cultiva la sabiduría[501].

Espectadores, os diré francamente la verdad; lo juro por Baco, de quien soy discípulo[502]. Así salga yo vencedor y sea tenido por sabio, como es cierto que creyéndoos personas de buen gusto, sometí por primera vez a vuestra aprobación esta comedia, la mejor de las mías, trabajada con exquisito esmero. Y, sin embargo, a pesar de no merecer tal desgracia, fui vencido por rivales ineptos[503]. Por esto me quejo de vosotros, ilustrados jueces, a quienes dediqué mis trabajos. Mas no por tal motivo he de recusar la opinión de los doctos, ante quienes es tan agradable comparecer, y que oyeron, con tanta complacencia a mi Prudente y mi Deshonesto[504], cuando yo (virgen aún porque no me era lícito parir)[505] expuse el fruto de mi ingenio, que recogido por otra madre[506] fue educado liberalmente por vosotros; desde lo cual creía tener asegurada vuestra benevolencia. Ahora, pues, se presenta mi Comedia como una nueva Electra buscando con la vista a aquellos sabios espectadores; y de seguro que reconocerá, en cuanto lo vea, el rizo de su hermano[507]. Reparad la decencia de sus costumbres. Es la primera que aparece en la escena sin venir armada de un instrumento de cuero, rojo por la punta, grueso y a propósito para hacer reír a los niños[508]; que no se burla de los calvos ni baila el córdax[509]; que no introduce un viejo golpeando con su bastón a todos los que encuentra para disimular la grosería de sus chistes, ni asalta la escena agitando una antorcha y gritando ¡Io! ¡Io!, ni confía más que en sí misma sus versos. Y yo, que soy su autor, ciertamente que no me enorgullezco[510] por tal cosa, ni procuro engañaros, presentándola dos y tres veces, sino que siempre invento comedias nuevas, que no se parecen entre sí y son todas bellas o ingeniosas. Cuando Cleón estaba en todo su poder yo lo he atacado frente a frente[511], pero en cuanto cayó cesé de insultarle. Los demás poetas, desde que Hipérbolo dio el ejemplo, atacan sin cesar al desgraciado sin perdonar ni a su madre. El primero de todos fue Éupolis, el cual presentó en escena su Maricas que no era otra cosa que un mal arreglo de mis Caballeros; solo añadió una vieja embriagada que bailase el córdax; personaje inventado mucho tiempo hace por Frínico[512], que la exponía a la voracidad de un monstruo marino. Después Hermipo presentó a Hipérbolo; y todos los demás cayeron sobre Hipérbolo imitando mi comparación de las anguilas. ¡Ojalá los que ríen en sus comedias no se diviertan con las mías! En cuanto a vosotros, que os deleitáis con mi persona e invenciones, seréis considerados en el porvenir como personas de buen gusto.

SEMICORO.

Invoco primeramente en favor de este coro al gran Júpiter, rey del cielo y señor de los dioses; después al prepotente numen cuyo tridente irresistible conmueve la tierra y los salados mares; y a ti, nuestro ilustre padre, venerable Éter, alma de todas las cosas; y a ti, oh Sol, domador de corceles, que vivificas la tierra con tus brillantes rayos, y eres una divinidad poderosa entre los inmortales y los hombres.