ESTREPSIADES.
No lo he perdido; lo he dejado en la escuela.
FIDÍPIDES.
¿Y qué has hecho de tus zapatos, pobre tonto?
ESTREPSIADES.
Los he perdido, como Pericles[535], en lo que era necesario. Ea, anda, marchemos: si obedeces a tu padre, podrás delinquir sin cuidado alguno. No habías cumplido seis años y aún balbuceabas, cuando yo te compré en las fiestas de Júpiter un carrillo con el primer óbolo que gané administrando justicia en el Heliástico.
FIDÍPIDES.
Algún día te pesará lo que haces.
ESTREPSIADES.
Bien, ya me obedeces. ¡He Sócrates, sal aquí pronto! Te traigo a mi hijo, a quien he convencido a duras penas.