EL JUSTO.
En otro tiempo esto te parecía plomo.
EL INJUSTO.
Pues ahora me sirve de adorno.
EL JUSTO.
¡Qué desvergonzado!
EL INJUSTO.
¡Qué estúpido!
EL JUSTO.
Por ti no frecuenta ningún joven las escuelas: ya conocerán algún día los atenienses lo que enseñas a esos necios.