EL INJUSTO.
Tu suciedad me repugna.
EL JUSTO.
Ahora eres rico, pero no ha mucho pedías limosna, y te comparabas a Telefo de Misia, teniendo por única comida las sentencias de Pandeletes que llevabas en tu alforja.
EL INJUSTO.
¡Qué gran sabiduría...!
EL JUSTO.
¡Qué gran locura...!
EL INJUSTO.
¡Me estás recordando...!