DICEÓPOLIS.

¿Qué odomantas? Dime, ¿qué es esto? ¿quién los ha circuncidado?[88].

TEORO.

Si les dais dos dracmas de sueldo, asolarán toda la Beocia.[89].

DICEÓPOLIS.

¡Dos dracmas a esos hombres incompletos! Con razón se quejarían todos nuestros marinos, bravos defensores de la ciudad... ¡Ah, qué desgracia!... Los odomantas me han robado los ajos[90]; devolvédmelos pronto.

TEORO.

¡Desdichado! Guárdate de acercarte a unos hombres que han comido ajos[91].

DICEÓPOLIS.

¿Consentís, oh pritáneos, que en mi propio país me traten los extranjeros de esta manera? Me opongo a que la Asamblea delibere sobre el sueldo de los tracios: os aseguro que acaba de manifestarse un augurio: me ha caído una gota de agua[92].