EL INJUSTO.

¡Una espada! ¡Linda ganancia tuvo el desdichado! Ahí tienes a Hipérbolo, que gracias a su malicia y no a su espada, ha ganado muchos talentos vendiendo lámparas.

EL JUSTO.

El mismo Peleo, por ser modesto, se casó con la diosa Tetis.

EL INJUSTO.

Que se marchó muy pronto y le dejó solo; porque no era un hombre violento, capaz de pasar toda la noche en dulces luchas de amor, que es lo que agrada a las mujeres. Pero tú eres un viejo chocho.

Considera, joven, todas las contrariedades de la modestia, y de qué placeres te privará; de los muchachos, de las mujeres, de los juegos[548], de los pescados, de beber y de reír. ¿Para qué quieres la vida, privada de estos placeres? Basta de esto. Paso ahora a las necesidades de la naturaleza. Has delinquido, has amado, has cometido algún adulterio y eres cogido infraganti; ya eres hombre muerto porque no sabes defender tu causa. Pero, conmigo, goza sin cuidado de la vida, baila, ríe, y nada te avergüence. Si eres sorprendido con la mujer ajena, asegura al marido que no has faltado; echa la culpa a Júpiter, que también fue vencido por el amor y las mujeres. Tú, siendo mortal, ¿cómo puedes ser más fuerte que el padre de los dioses?

EL JUSTO.

Y si siguiendo tus lecciones, es condenado al castigo de los adúlteros[549]: ¿encontrará entonces algún argumento para demostrar que no es un bardaje?

EL INJUSTO.