[45] La edición de Dindorf, publicada por Fermín Didot, que es la que seguimos, no incluye entre los personajes de esta comedia a los Mensajeros, sin razón para ello, pues intervienen en la acción y hablan tanto como cualquiera de los otros secundarios. En la lista no se ponen los personajes mudos, que son: Jantias, esclavo de Diceópolis, y la Madrina de las bodas que aparece en una de las últimas escenas.

[46] El nombre de Diceópolis se compone de dos palabras, δíκαιος y πóλις, que significan ciudadano justo, o ciudad justa. Píndaro da este epíteto a la isla de Egina.

[47] Demagogo ateniense, enemigo encarnizado de Aristófanes, contra el cual lanza este en sus comedias todo género de acusaciones. Es uno de los personajes principales de Los Caballeros. Habiendo recibido en una ocasión cinco talentos de las islas tributarias de Atenas, para conseguir rebaja en la contribución que debían de pagar, los caballeros le obligaron a devolverlos. Y este es el hecho que causó tanta alegría a Diceópolis.

[48] Hemistiquio del Telefo de Eurípides, al decir del Escoliasta.

[49] Esquilo murió el 436 a. d. C., es decir, 30 años antes de la representación de Los Acarnienses. Mas en consideración a su mérito, los atenienses permitieron a los poetas modernos concurrir a los certámenes trágicos con sus tragedias corregidas y arregladas. Suidas dice que Euformión, hijo de Esquilo, ganó cuatro premios con tragedias de su padre, que aun no habían sido representadas.

[50] Poeta trágico, de cuya frialdad se burla más adelante Aristófanes, suponiendo que al representarse sus dramas se helaron todos los ríos de Tracia (v. 140). Los atenienses le llamaron por lo mismo χίων, la Nieve. Llegó a ser uno de los treinta tiranos.

[51] Músico detestable.

[52] Excelente citarista, vencedor en los juegos píticos.

[53] Flautista y citarista, sin mérito alguno. Aristófanes se burla también de él en otros pasajes de sus comedias (Las Aves, 858; La Paz, 951). Entre otros defectos, le echa en cara el de hallarse siempre donde sus amigos se reunían a comer.

[54] Era un modo vivo y guerrero y que, según indica su nombre, se cantaba en los tonos más elevados. Arión (Herod., Clio, XXIV), antes de arrojarse al mar, cantó un nomo ortio, cuya deliciosa melodía le valió el ser salvado por un delfín.