CORO.

Ni yo me calmaré, ni tú hablarás otra palabra. Porque te aborrezco más que a Cleón, a quien pienso desollar para hacer con su piel sandalias a los caballeros[112]. Amigo de los lacedemonios, no pienses que yo escuche tus largos discursos. Vas a llevar tu merecido.

DICEÓPOLIS.

Mis buenos convecinos, dejad en paz a los lacedemonios. Oíd las razones que he tenido para pactar esta tregua.

CORO.

¿Qué razones puede haber para pactar con esos hombres sin fe, sin religión, sin juramento?

DICEÓPOLIS.

Es que creo también que los lacedemonios, a quienes tanto aborrecemos, no son la causa de todos nuestros males.

CORO.

¿Que no son la causa de todos nuestros males, grandísimo bribón? ¿Y te atreves a decirlo delante de nosotros? ¿Y aun pretenderás que te perdone?