DICEÓPOLIS.
¿Qué motivo hay, venerables Acarnienses?
CORO.
¿Y lo preguntas, bribón desvergonzado, traidor a tu patria? ¿Y aún te atreves a mirarme a la cara después de haber pactado treguas con los enemigos?
DICEÓPOLIS.
Ignoráis por qué he hecho ese tratado. Escuchad.
CORO.
¡Escucharte! Matémosle a pedradas.
DICEÓPOLIS.
Nunca antes de oírme. Calmaos, mis buenos amigos.