Vamos, hija mía, procura llevar con gracia el canastillo; ve seria y con el avinagrado gesto del que mastica ajedrea. Feliz quien se case contigo y fecunde tu seno al salir el sol[104]. Anda y cuida de que entre la multitud no te roben las alhajas de oro[105].

DICEÓPOLIS.

Jantias, lleva el falo derecho detrás de la canéfora: yo te seguiré cantando el himno fálico. — Tú, esposa mía, puedes mirarnos desde el terrado de casa[106]. — Adelante.

¡Oh Falo[107], amigo y compañero de Baco, nocturno rondador, adúltero y pederasta, al cabo de seis años[108] te saludo al fin, volviendo regocijado a mi aldea, libre de miserias, combates y Lámacos[109], después de haber pactado una tregua para mí solo y mi familia! ¡Cuánto más delicioso es, amable Fales, encontrarse una linda leñadora como Trata, la esclava de Estrimodoro, robando troncos en el monte Feleo[110], y estrechar su talle gentil, y gozar allí mismo de sus encantos! ¡Oh Fales, amable Fales, si hoy bebieres con nosotros, trastornado aún por el vino de la víspera, devorarás mañana el plato de la paz, y yo colgaré mi escudo al humo!

CORO.

Ese es, ese mismo. Tirad, tirad. Apedreemos todos a ese infame. ¿Por qué no tiráis? ¿Por qué no tiráis?

DICEÓPOLIS.

¡Por Hércules! ¿Qué es esto? Me vais a romper la olla[111].

CORO.

Tu cabeza, traidor, es lo que vamos a romper a pedradas.