DICEÓPOLIS.

También yo os daré que sentir; también yo mataré a vuestros más queridos amigos; porque tengo rehenes vuestros y los degollaré sin piedad.

CORO.

Decidme, conciudadanos, ¿qué amenaza contra los acarnienses envuelven sus palabras? ¿Tendrá acaso encerrado a alguno de nuestros hijos? ¿Cómo está tan atrevido?

DICEÓPOLIS.

Tirad, tirad si queréis; yo destrozaré a este: así sabré pronto el cariño que tenéis a los carbones[113].

CORO.

¡Perdidos somos! Ese cesto es conciudadano mío. No realices, ¡ah! no realices tu intento.

DICEÓPOLIS.

Lo mataré, gritad cuanto queráis; yo no os escucharé.