DICEÓPOLIS.
¿Cómo puede estar y no estar al mismo tiempo?
EL CRIADO.
Muy fácilmente, anciano. Su espíritu, que anda por fuera recogiendo versitos, no está en casa; pero él está en casa, colgado del techo, y componiendo una tragedia[119].
DICEÓPOLIS.
¡Oh bienaventurado Eurípides! ¡Qué felicidad tener un criado que responda con tanta discreción![120] — Llámale.
EL CRIADO.
Es imposible.
DICEÓPOLIS.
Sin embargo... yo no puedo marcharme. Llamaré a su puerta. ¡Eurípides, mi querido Eurípides! Escúchame, si alguna vez has escuchado a alguien. Te llamo yo, Diceópolis el de Cólides[121].