CORO.
¿Qué engaños estás fraguando? ¿A qué tales dilaciones? Por mí, si quieres, ya puedes pedir a Hierónimo[116] el casco tenebroso y erizado de Plutón, y emplear después todas las astucias de Sísifo[117]; pero el negocio no admite demora.
DICEÓPOLIS.
Ya es tiempo de adoptar una resolución enérgica; no tengo más remedio que dirigirme a Eurípides. (Llamando a la puerta de Eurípides.) ¡Esclavo, esclavo!
EL CRIADO DE EURÍPIDES[118].
¿Quién?
DICEÓPOLIS.
¿Está en casa Eurípides?
EL CRIADO.
Está y no está, ¿lo entiendes?