LÁMACO.
¿Tú, vil mendigo, te atreves a tanto?
DICEÓPOLIS.
Heroico Lámaco, perdona que un mendigo, al empeñarse en hablar, haya dicho algunas necedades.
LÁMACO.
¿Qué has dicho contra nosotros? Habla.
DICEÓPOLIS.
No me acuerdo ya; el miedo a tu armadura me marea; por piedad, aparta de mi vista ese espantajo de tu escudo.
LÁMACO.
Sea.