También traigo gansos, liebres, zorras, topos, erizos, gatos, píctidas, nutrias, anguilas del Copais...[202]
DICEÓPOLIS.
¡Oh qué deliciosísimo bocado acabas de nombrar! Sí traes anguilas, déjame que las salude.
EL BEOCIO.
Sal, tú, la mayor de las cincuenta vírgenes Copaidas, a regocijar con tu presencia a este extranjero[203].
DICEÓPOLIS.
¡Querida mía, por tanto tiempo deseada, al fin has venido a satisfacer los deseos de los coros cómicos, y los del mismo Moricos![204]. — Esclavos, traedme el fuego y el aventador. Mirad, muchachos, esta hermosa anguila, que al fin viene a visitarnos después de seis años de espera[205]. Saludadla, hijos míos. Llevadla adentro. — Ni aun la muerte podrá separarme de ti[206], como te cuezan con acelgas.
EL BEOCIO.
¿Y cuánto me vas a pagar por ella?
DICEÓPOLIS.