¡Callad, malditos! ¿Si habrán echado raíces en mi puerta semejantes moscones? ¿De dónde vendrán esos discordantes flautistas, dignos discípulos de Queris?[200].

EL BEOCIO.

Por Iolao[201], ¡con qué placer les vería irse al infierno! Desde Tebas vienen soplando detrás de mí, y me han arrancado todas las flores del poleo. Extranjero, ¿quieres comprarme pollos o langostas?

DICEÓPOLIS.

Salud, amigo beocio, gran comedor de panecillos. ¿Qué traes?

EL BEOCIO.

Cuanto de bueno hay en Beocia: orégano, poleo, esterillas, mechas para lámparas, ánades, grajos, francolines, pollas de agua, reyezuelos, mergos...

DICEÓPOLIS.

De modo que entras en el mercado a manera de huracán que abate las aves contra el suelo.

EL BEOCIO.