CORO.

Buen hombre, ata bien tan delicada mercancía, no se te quiebre en el camino.

DICEÓPOLIS.

Eso a mi cargo queda; aunque deja oír un crujido como si se hubiera rajado en el horno. ¡Crujido odioso a los inmortales!

CORO.

¿Qué hará con él?

DICEÓPOLIS.

Me servirá para todo: de recipiente de los males; de mortero para majar pleitos; de linterna para espiar a los recaudadores, y de barreño donde se enturbien todas las cosas.

CORO.

¿Pero quién se atreverá a usar un vaso cuyos crujidos resuenan incesantemente en la casa?