Lámaco te suplica que le des, mediante este dracma, algunos tordos, para celebrar la fiesta de las Copas[209]; y que por otros tres le vendas una anguila del Copais.

DICEÓPOLIS.

¿Quién es ese Lámaco que desea la anguila?

EL CRIADO.

Aquel terrible sufridor de trabajos, que lleva una Gorgona en el escudo, y sobre cuyo casco se agita un penacho triple.

DICEÓPOLIS.

No le venderé nada, por Júpiter, aunque me dé su escudo: en vez de comer pescado, entreténgase en agitar su penachos. Si se alborota, llamaré a los agoránomos. Ahora, recogiendo mis compras, entraré en mi casa «sobre las alas de los mirlos y los tordos.»[210]


CORO.

¿No veis, ciudadanos, no veis la extremada prudencia y discreción de ese hombre, que, después de haber pactado sus treguas, puede comprar cuantas cosas suelen traer los mercaderes, útiles unas a la casa, y gratísimas otras al paladar?