CORO.

Celebro tu suerte, amigo mío, y más que todo esa tu discreción admirable por la cual gozas de tan delicioso banquete.

DICEÓPOLIS.

¿Pues qué diréis cuando veáis cómo se asan mis tordos?

CORO.

También creo que tienes razón en eso.

DICEÓPOLIS.

Atizad el fuego.

CORO.

¿Veis cómo dispone su comida, a modo de un cocinero hábil y experimentado?