¡Oh tres veces mísero! ¿Y aún vas vestido de blanco?

EL LABRADOR.

Ellos, ¡oh poderoso Júpiter!, me mantenían en la más deliciosa abundancia[217].

DICEÓPOLIS.

¿Qué necesitas ahora?

EL LABRADOR.

Me he estropeado los ojos llorando aquellos bueyes. Si algún interés te merece Derceles de Fila, frótame pronto los ojos con el bálsamo de la paz.

DICEÓPOLIS.

Pero, desdichado, yo no soy médico público[218].

EL LABRADOR.