Es muy amable, sea quien quiera.
EL PARANINFO.
Te suplica que en cambio de estas viandas, le eches en este vaso de alabastro una copita de paz, para que pueda eximirse de la milicia y quedarse en casa disfrutando de los placeres del amor.
DICEÓPOLIS.
Llévate, llévate tus viandas, y nada me des, pues no le cedería una gota por mil dracmas. — ¿Pero quién es esa mujer?
EL PARANINFO.
Es la madrina de la boda. Quiere hablarte a ti solo, de parte de la novia.
DICEÓPOLIS.
Vamos, ¿qué tienes que decirme?... — ¡Dioses inmortales! Qué ridícula es la pretensión de la novia... Me pide que haga de modo que permanezca en la casa una parte del cuerpo de su esposo[221]. Ea, venga aquí el tratado; a ella sola le daré parte, en consideración a que siendo mujer no debe sufrir las molestias de la guerra. Tú (A la madrina.), buena mujer, acerca el frasco... ¿Sabes cómo se ha de usar? Dile a la desposada que cuando se haga la leva de los soldados, unte con esto esa parte del cuerpo de su marido que desea conservar. Llévate el tratado. Traed el cacillo para que llene de vino las copas.
CORO.