LA GUERRA.
Coge esos vasos y vuélvelos a llevar; yo entro también para hacer una mano de mortero.
TRIGEO.
Llegó el momento de repetir lo que cantaba Datis,[269] arrascándose sin pudor[270] en medio del día: «¡Qué gusto! ¡Qué placer! ¡Qué delicia!» Ahora, oh griegos, llegó la ocasión oportuna de olvidar querellas y combates, y de libertar a la Paz a quien todos amamos, antes de que nos lo impida alguna nueva mano de mortero.[271] Labradores, mercaderes, fabricantes, obreros, metecos, extranjeros, insulares, hombres de todos los países, acudid pronto, armaos de azadones, palancas y maromas. Por fin podremos beber la copa del Buen Genio.[272]
CORO.
Acudamos todos a trabajar por la común salvación. Pueblos de la Grecia, libres de guerras sangrientas y combates, prestémonos hoy, como nunca, mutuo socorro. Este día amaneció en mal hora para Lámaco.[273] (A Trigeo.) Vamos, di lo que hay que hacer; dispon, ordena, manda. Estamos decididos a trabajar sin descanso, con máquinas y palancas, hasta volver a la luz a la más grande de las diosas, a la protectora más solícita de nuestras vidas.
TRIGEO.
¡Silencio! ¡Silencio! No vayan a despertar a la Guerra los gritos que os arranca la alegría.