CORO.
Nos ha regocijado ese edicto mandando libertar a la Paz. ¡Cuán distintos de esos otros que nos han ordenado tantas veces acudir con víveres para tres días!
TRIGEO.
Cuidado con aquel cerbero,[274] que está ahora en los infiernos; sus ladridos y aúllos podrían, como en vida, impedirnos libertar a la diosa.
CORO.
No hay nadie capaz de arrebatármela, como llegue a estrecharla entre mis brazos. ¡Ay! ¡Ay! ¡Qué gozo!
TRIGEO.
Por piedad, silencio, amigos míos, si no deseáis mi perdición. Como la Guerra llegue a observar algo, saldrá y echará por tierra de un golpe todos nuestros planes.
CORO.
Aunque lo revuelva, pisotee y arruine todo, hoy no puedo contener la alegría.