Lo más intrépido, solo que no es hijo de quien se decía, pues en cuanto va al ejército, prueba suficientemente, arrojando las armas, que es un hijo supuesto.[308]
MERCURIO.
Escucha lo que acaba de preguntarme. ¿Quién manda ahora en la tribuna del Pnix?
TRIGEO.
Hipérbolo[309] es el dueño absoluto. (A la Paz.) ¡Ah! ¿Qué haces? ¿Por qué vuelves la cabeza?
MERCURIO.
Aparta el rostro indignada de que el pueblo haya aceptado tan perverso jefe.
TRIGEO.
¡Bueno! ya no lo emplearemos más; el pueblo, viéndose sin guía y en completa desnudez, se ha servido de ese hombre como de una copa encontrada por casualidad.
MERCURIO.