Oremos. ¿Quién está aquí? ¿Dónde está esa multitud de hombres de bien?
EL ESCLAVO.
Aguarda a que les dé a estos; son muchos y buenos.
TRIGEO.
¿Los crees buenos?
EL ESCLAVO.
¿Cómo no, si a pesar de haberles rociado de lo lindo están firmes y plantados en su puesto?
TRIGEO.
Oremos, pues, cuanto antes; ¡oremos ya!
¡Augusta reina, diosa venerable, oh Paz, que presides las danzas e himeneos, dígnate aceptar nuestro sacrificio!