TRIGEO.

La Paz aborrece la matanza, y por eso nunca se ensangrienta su altar. Por lo tanto, llévate adentro la víctima, mátala y trae las dos piernas; de este modo la oveja se guardará para el Corega.

(El esclavo entra en la casa.)


CORO.

Tú, que permaneces aquí, reúne pronto las astillas y todo lo necesario para el sacrificio.

TRIGEO.

¿No os parece que dispongo el hogar como el más experto adivino?

CORO.

¿Por qué no? ¿Acaso ignoras algo de cuanto un sabio debe conocer? ¿No preves todo lo que un hombre de reconocida habilidad y audacia afortunada debe prever?