TRIGEO.

¿Acaso, charlatán maldito, el lobo pareará jamás con la oveja?

HIEROCLES.

Mientras la chinche de campo exhale al huir un fétido olor; mientras la perra chillona, forzada a parir, dé a luz cachorros ciegos, no se debe pensar en la Paz.

TRIGEO.

¿Pues qué debíamos hacer? ¿Continuar la guerra? ¿Echar suertes sobre quién había de llorar más, cuando podíamos, uniéndonos por un tratado, mandar en común sobre la Grecia?

HIEROCLES.

Nunca conseguirás que el cangrejo ande en línea recta.

TRIGEO.

No cenarás ya en el Pritáneo,[361] ni serás profeta de lo pasado.