HIEROCLES.

Nunca suavizarás la piel áspera del erizo.

TRIGEO.

¿No acabarás nunca de engañar a los atenienses?

HIEROCLES.

¿En virtud de qué oráculo habéis ofrecido ese sacrificio a los dioses?

TRIGEO.

De este, que Homero expresó en tan bellas frases:

La negra nube de la odiosa guerra

Disipamos así, y en dulce abrazo