TRIGEO.
¡Oh! ¡Oh! ¡Cuánta gente viene al banquete de boda! Limpia las mesas con ese penacho; ya no sirve para otra cosa. Trae en seguida los pasteles y los tordos, liebre en abundancia y panes.
UN FABRICANTE DE HOCES.
¿Dónde está Trigeo? ¿Dónde?
TRIGEO.
Estoy cociendo tordos.
EL FABRICANTE DE HOCES.
¡Oh queridísimo Trigeo, cuánto bien nos has hecho procurándonos la paz! Antes no había quien diese un óbolo por una hoz; ahora vendo las que quiero a cincuenta dracmas. Este amigo vende a tres los toneles para el campo. Vamos, Trigeo, escoge de estas hoces y de todo lo demás cuanto quieras, y llévatelo gratis. Todo esto que vendemos y que nos produce pingües ganancias te lo ofrecemos como regalo de boda.
TRIGEO.
Bueno, bueno; dejadlo ahí todo, y entrad a cenar cuanto antes. Ahí se acerca un armero con una cara más triste que un funeral.