Otra idea. Échale plomo, como te he dicho; añade un platillo colgado de unas cuerdecitas, y tendrás una balanza para pesar en el campo los higos que has de distribuir a tus esclavos.
EL FABRICANTE DE CASCOS.
¡Maldita suerte! ¡Estoy arruinado! Yo, que en otro tiempo pagué una mina por estos cascos. ¿Quién me los comprará ahora?
TRIGEO.
Vete a venderlos a los egipcios: son los únicos para medir sirmea.[372]
EL FABRICANTE DE LANZAS.
¡Ay, mi buen fabricante de cascos, qué desgraciada es nuestra suerte!
TRIGEO (Al fabricante de lanzas).