LA ABUBILLA.
¿Cuáles?
PISTETERO.
Quisiera una ciudad en la que al verme el padre de un hermoso muchacho, me dijese como si le hubiera ofendido: «¡Muy bien, muy bien, Estilbónides! Te encontraste ayer con mi hijo que volvía del baño y del gimnasio, y no fuiste para darle un beso, ni hablarle, ni acariciarle.[409] ¿Quién dirá que eres amigo mío?»
LA ABUBILLA.
¡Hola, hola! Pues no es nada las desdichas que apeteces, buen hombre. En la costa del Mar Rojo hay una ciudad, afortunada como la que deseáis.
EVÉLPIDES.
¡Ah! No me hables de ciudades marítimas; el mejor día amanecería la galera Salamina[410] trayendo un alguacil. ¿No puedes decirnos alguna ciudad griega?
LA ABUBILLA.
¿Por qué no emigráis a Lépreo, en Élide?