PISTETERO.
El aire está entre el cielo y la tierra, y del mismo modo que cuando nosotros queremos ir a Delfos pedimos permiso a los beocios para pasar, así vosotros, cuando los hombres hagan sacrificios a los dioses, si estos no os pagan tributo, podréis impedir que el humo de las víctimas atraviese vuestra ciudad y vuestro espacio.
LA ABUBILLA.
¡Oh! ¡Oh! ¡Lo juro por la tierra, las nubes, los lazos y las redes, jamás he oído una idea más ingeniosa! Estoy dispuesto a fundar contigo esa ciudad, si las demás aves son de mi opinión.
PISTETERO.
¿Quién les dará a conocer el proyecto?
LA ABUBILLA.
Tú mismo. Antes eran bárbaros, pero en el largo tiempo que he estado en su compañía les he enseñado a hablar.
PISTETERO.
¿Pero cómo las vas a convocar?