LA ABUBILLA.
Muy fácilmente. Voy a entrar en esa espesura; despertaré a mi Procne[419] y las llamaremos; en cuanto oigan nuestra voz acudirán sin detenerse.
PISTETERO.
¡No te detengas, queridísimo pájaro! Por favor, entra pronto en esa espesura y despierta a tu amable compañera.
LA ABUBILLA.
Despierta, dulce compañera de mi vida; entona esos himnos sagrados que, como armoniosos suspiros, brotan de tu garganta divina cuando con melodiosa y pura voz deploras la triste suerte de nuestro llorado Itis. Tu sonoro canto sube, atravesando los copudos tejos, hasta el trono de Júpiter; junto al cual Febo, de áurea cabellera, responde con los acordes de su lira de marfil a tus plañideras endechas, y reúne los coros de los dioses, y de sus bocas inmortales brota un celestial aplauso.[420]
(Se oye una flauta dentro.)
PISTETERO.
¡Júpiter soberano! ¡Qué garganta la de ese pajarillo! Ha llenado de miel toda la espesura.
EVÉLPIDES.