EL NIÑO.

Y bien, padre mío, si al arconte se le antoja que no haya hoy tribunal, ¿dónde compraremos la comida? ¿Puedes darme alguna nueva esperanza o solo designarme el sagrado camino de Hele?[59]

CORO.

¡Ay! ¡Ay! No sé en verdad cómo cenaremos.

EL NIÑO.

¿Por qué me pariste, madre infeliz, si tanto había de costarme sostener mi vida?[60]

CORO.

Saquito mío, eres un adorno inútil.[61]

EL NIÑO.

¡Ay! gemir es nuestra suerte.