EVÉLPIDES.

¿Qué importa? ¿Hay más que quitarle la cascarilla que le cubre la cabeza como si fuese un huevo, y besarla después?

LA ABUBILLA.

Vamos.

PISTETERO.

Guíanos en hora buena.


CORO.

Amable avecilla, el más querido de mis alados compañeros, mi señor, que presides nuestros cantos; al fin viniste a mi presencia; viniste para dejar oír tu suavísimo gorjeo. Tú, que en la flauta armoniosa tañes primaverales melodías, preludia nuestros anapestos.[468] Ciegos humanos, semejantes a la hoja ligera, impotentes criaturas hechas de barro deleznable, míseros mortales que, privados de alas, pasáis vuestra vida fugaz como vanas sombras o ensueños mentirosos, escuchad a las aves, seres inmortales y eternos, aéreos, exentos de la vejez, y ocupados siempre en pensamientos perdurables; nosotros os daremos a conocer los fenómenos celestes, la naturaleza de las aves, y el verdadero origen de los dioses, de los ríos, del Erebo y del Caos; con tal enseñanza podréis causar envidia al mismo Pródico.[469] En el principio solo existían el Caos y la Noche, el negro Erebo y el profundo Tártaro; la Tierra, el Aire y el Cielo no habían nacido todavía; al fin, la Noche de negras alas puso en el seno infinito del Erebo un huevo sin germen, del cual, tras el proceso de largos siglos, nació el apetecido Amor con alas de oro resplandeciente, y rápido como el torbellino. El Amor, uniéndose en los abismos del Tártaro al Caos alado y tenebroso, engendró nuestra raza, la primera que nació a la luz. La de los inmortales no existía antes de que el Amor mezclase los gérmenes de todas las cosas; pero, al confundirlos, brotaron de tan sublime unión el Cielo, la Tierra, el Océano, y la raza eterna de las deidades bienaventuradas. He aquí cómo nosotros somos muchísimo más antiguos que los dioses. Nosotros somos hijos del Amor; mil pruebas lo confirman; volamos como él, y favorecemos a los amantes. ¡Cuántos lindos muchachos, habiendo jurado ser insensibles, se rindieron a sus amantes al declinar su edad florida, vencidos por el regalo de una codorniz, de un porfirión, de un ánade o de un gallo! Nos deben los mortales sus mayores bienes. En primer lugar, anunciamos las estaciones; la primavera, el invierno y el otoño: la grulla al emigrar a Libia advierte al labrador[470] que siembre; al piloto que cuelgue el timón[471] y se entregue al descanso; a Orestes[472] que se mande tejer un manto, para que el frío no le incite a robárselo a los transeúntes. El milano anuncia, al aparecer, otra estación y el momento oportuno de trasquilar los primaverales vellones; y la golondrina dice que ya es preciso abandonar el manto y vestirse una túnica ligera. Las aves reemplazamos para vosotros a Amón, a Delfos, a Dodona y a Apolo. Para todo negocio comercial, o compra de víveres, o matrimonios nos consultáis previamente y dais el nombre de auspicios a todo cuanto sirve para revelaros el porvenir: una palabra es un auspicio;[473] un estornudo es un auspicio; un encuentro es un auspicio; una voz[474] es un auspicio; el nombre de un esclavo es un auspicio; un asno es un auspicio. ¿No está claro que somos para vosotros el fatídico Apolo? Si nos reconocéis por dioses, hallaréis en nosotros las Musas proféticas, los vientos suaves, las estaciones, el invierno, el estío, un calor moderado; no iremos como Júpiter a posarnos orgullosos sobre las nubes, sino que, viviendo a vuestro lado, dispensaremos a vosotros y a vuestros hijos, y a los hijos de vuestros hijos, riquezas y salud, felicidad, larga vida, paz, juventud, risas, danzas, banquetes, delicias increíbles;[475] en fin, tal abundancia de bienes, que llegaréis a saciaros. ¡Tan ricos seréis todos!

Musa silvestre de variados tonos, tio tio tio tio tio tio tio tix,[476] yo canto contigo en las selvas y en la cumbre de los montes, tio tio tio tio tix, posado entre el follaje de un fresno copudo, tio tio tio tio tix, exhalo de mi delicada garganta himnos sagrados, tio tio tio tix que se unen en las montañas a los augustos coros en honor de Pan y la madre de los dioses, to to to to to to to to to tix. En ellos, a modo de abeja, liba Frínico el néctar de sus inmortales versos y de sus dulcísimas canciones, tio tio tio tio tix.